
Dos bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima (el 6 de agosto) y Nagashaki (el 9) forzaron la rendición del Japón, con lo que se
puso fin a la Segunda Guerra Mundial, que dejó más de 60 millones de personas muertas, en su mayoría civiles, cambios territoriales y la economía global destruida con excepción de la estadounidense.
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